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Orígenes y raíces de los conflictos

Tal como lo plantean (Pruitt y Rubin, 1986, citados por Jares, 2002: 45) el abordaje del conflicto implica recurrir a su mismo punto de partida, por lo cual es necesario determinar los factores que a continuación se exponen:

 • La subjetividad de la percepción, teniendo en cuenta que las personas captan de forma diferente un mismo objetivo.

 • Las fallas de la comunicación, dado que las ambigüedades semánticas tergiversan los mensajes.

• La desproporción entre las necesidades y los satisfactores, porque la indebida distribución de recursos naturales y económicos generan rencor entre los integrantes de una sociedad. 

• La información incompleta, cuando quienes opinan frente a un tema sólo conocen una parte de los hechos.

• La interdependencia, teniendo en cuenta que la sobreprotección y la dependencia son fuente de dificultades. 

• Las presiones que causan frustración, ya que esta se presenta cuando los compromisos adquiridos no permiten dar cumplimiento a todo, generando un malestar que puede desencadenar un conflicto.

• Las diferencias de carácter; porque las diferentes formas de ser, pensar y actuar conllevan a desacuerdos.

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Personalidades conflictivas

En el conflicto, la mayoría de las personas involucradas se puede clasificar en los siguientes grupos: Atacantes-destructoras. Asumen posturas del tipo atacante-defensor, en las que hacen ver a la otra persona como el «enemigo». Él o ella se centran en las equivocaciones del otro y uno u otro no desean esa situación.  Acomodaticias. A primera vista, parecen el polo opuesto de los atacantesdefensores. En vez de aprovechar la más pequeña provocación para ir a la guerra, la persona acomodaticia hará cualquier cosa para «mantener la paz». Estas personas no actúan desde una postura de fuerza; su motivación es el miedo y la creencia básica de que no tienen ningún poder. Por este motivo, se sienten tan inseguras como las atacantes-defensoras, aunque parezcan tomar plena responsabilidad de la situación conflictiva. En el fondo están tan furiosas como las atacantes-defensoras e igualmente convencidas de tener la razón aunque guarden absoluto silencio. La diferencia es que su hostil...

Bibliografía

Aisenson Kogan, Aída. 1994. Resolución de conflictos. Fondo de Cultura Económica. México. Ander-Egg, Ezequiel. 1995. Diccionario del trabajo social. Lumen. Buenos Aires. Bonilla, Guido et al. 1998. Conflicto y justicia: Programa de Educación para la Democracia. Instituto para el Desarrollo de la Democracia Luis Carlos Galán. Bogotá. CENASEL – Presidencia de la República, Red de Solidaridad Social – Programa para la Reinserción, Colombia. 1998. Ética de convivencia y resolución de conflictos. Convenio «Construcción de Espacios para la Convivencia Pacífica». Ed. El Fuego Azul. Bogotá. Edelman, Joel y Mary Beth Crain. 1996. El tao de la negociación: cómo prevenir, resolver o superar los conflictos de la vida diaria. Traducción de Alicia Sánchez Millet. Paidós Ibérica. Barcelona. Fundación Foro Nacional por Colombia. 2001. Conflicto, convivencia y democracia. Cartilla No. 2. Bogotá.

Clases de conflicto

Los conflictos pueden dividirse por tipos, algunos de clase más relevante a nivel funcional que otros, pero siempre en respuesta a una discrepancia entre partes, la revista Progresar (2000) las clasifica en Conflictos innecesarios: a) De relaciones. Cada una de las partes quiere algo distinto de un mismo objeto. b) De información. Cuando sobre un mismo problema se tienen versiones diferentes o la información se percibe de modos distintos.  Conflictos genuinos: a) De intereses. - Sustantivos. Sobre las cosas que uno quiere. - Sociológicos. Sobre la estima, la satisfacción personal. - Procesales. Sobre la forma en que se hacen las cosas. b) Estructurales. Corresponden a los conflictos macro.  (Fuente de esta clasificación: Progresar, 2000: 7).